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Nació
en Santiago del Estero el 10 de diciembre de 1893 y falleció
en 1959, hijo del ex diputado provincial y profesor del Colegio
Nacional de Santiago del Estero D. Gumersindo Sayago y de doña
Rosario Gallardo.
Una vez terminada su formación escolar y secundaria se traslado
a Bs. As. Para iniciar sus estudios de medicina, durante su vida
en la capital vivió muy pobre. Debió trabajar y lo
hizo en la farmacia del Hospital Fernández. Se distinguió
enseguida como alumno brillante, pero le ocurrió lo mismo
que a muchos llegados del interior: enfermó de tuberculosis
y entonces encaminó sus pasos hacia la serranía cordobesa
en busca de la curación.
Estancita, un agreste rincón
de la montaña, le dio la bienvenida al brindarle la curación
de las lesiones pulmonares y de la laringe.
No cabe duda que la enfermedad que padeció lo oriento a dedicarse
a la especialidad. Una vez mejorado, se dirigió a Córdoba
ingresando en la Facultad de Medicina donde también se destacó
por el brillo de su inteligencia.
Sayago fue motor y nervio del movimiento que dio origen a la Reforma
Universitaria de 1918, del cual dijo: “Y son aquellos
días ya lejanos de mi actuación estudiantil en el
año 18, llenos de fe y esperanza, los que representan para
mi el mayor blasón de mi vida universitaria. En ellos se
trazó un sendero de rectitud, de libertad y de justicia social,
por el que siempre seguí afanosamente. Con una honda fe en
esos principios, me inauguré en la tarea de enseñar,
valorando lo más exactamente que me fue posible, como la
libertad para enseñar y para aprender surge la más
perfecta compenetración entre maestro y discípulo”.
En esa época fue delegado por la Federación Universitaria
de Córdoba al Primer Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios
que trabajó en esa ciudad en julio de 1918, entre los votos
de ese congreso de estudiantes se aprobó uno propuesto por
Sayago que decía: “Que es urgente que la federación
universitaria argentina se imponga el estudio de la Casa del Estudiante
tuberculoso, para lo cual es menester se pida al Congreso Nacional
incluya una partida en el presupuesto para su sostenimiento...”
Ya se definía aquí el tisiólogo con visión
social. Veinte años mas tarde, al inaugurar su cátedra
de tisiología, desarrolló el tema social de la tuberculosis
con gran extensión.
Por
sus clasificaciones fue entonces practicante del Hospital Nacional
de Clínicas y obtuvo su título de doctor en medicina
el 16 de abril de 1919. Con el premio José M. Álvarez
al mejor trabajo de higiene por su obra “La tuberculosis en
la provincia de Córdoba” obtenido en 1920, inicia su
carrera ascendente. Trabajó durante los años 1919
al 21, como médico del Dispensario de Tuberculosis “Transito
Cáceres de Allende” y al mismo tiempo inició
su actividad docente como adscripto a la cátedra de clínica
epidemiológica.
El Hospital Tránsito
Cáceres de Allende nació en 1921 por el reconocimiento
de la Sociedad cordobesa hacia doña Tránsito Cáceres
de Allende que dedicó sus afanes en defensa de los enfermos
tuberculosos. La piedra fundamental se colocó en 1917 y en
1919 funcionaba ya un dispensario para atender a los enfermos ambulatorios
mientras se encaraba la construcción del asilo hospital que
fue inaugurado finalmente el 19 de junio de 1921. Allí lo
vemos a Sayago iniciando su obra titánica de maestro, que
al principio pocos lo siguieron ya que era hasta materialmente difícil
llegar al Hospital, había que saltar fosos y escalar barrancas,
pero así y todo Gumersindo Sayago llegaba por la mañana
al hospital en un coche de plaza acompañado de sus primeros
discípulos que fueron los amigos de toda su vida: Villafañe
Lastra, Jorge Orgaz, Domingo Cabrera. Poco a poco la obra se agiganta
y nace la Escuela Tisiológica que en el órden de acontecimientos
progresivos tiene dos jalones de importancia: El primero es el reconocimiento
por parte de de la Universidad de la obra del maestro con la creación
del Instituto de Tisiología de la Universidad de Córdoba,
el segundo el la creación de la Primera Cátedra Argentina
de Tisiología que él inauguró el 19 de abril
de 1938.
Gumersindo Sayago transitó una intensa vida médica,
ocupó diversos cargos y obtuvo numerosos honores dispensados
por instituciones médicas, nacionales y mundiales. Impresionaba
por su sabiduría, su gesto amplio y su elocuencia, era de
personalidad fuerte y decidida, ni los males físicos que
le atacaron ni los golpes morales que sufrió fueron capaces
de doblegar su estirpe de luchador infatigable.
Su humanidad lo llevó
a estudiar e interesarse por todos los problemas que atañen
al hombre, como la libertad, el arte, su tierra santiagueña,
el trabajo, la paz, el panamericanismo y en definitiva, la vida
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inaugurando
un dispensario en Brasil |
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con
el Presidente de Filipinas |
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