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Nació
en Córdoba el 2 de julio de 1890 y murió el 7 de junio
de 1942. Primó en el la docencia informal, la simpatía,
la gracia y el sentido dionisiaco de la existencia. Pocos políticos
tuvieron su claridad y coraje cívico manteniéndose ajenos
a partidos y banderías. Se graduó de abogado y doctor.
Fue uno de los primeros en articular reclamos pedagógicos y
administrativos con la realidad político social argentina.
Se lo consideró una cima moral e intelectual de su época
que reaccionaba contra un mundo de oscuras y contradictorias visiones
de una realidad a la que embestía y llevaba por delante para
superarla dialécticamente sin negar su sentido popular. Deodoro
Roca, quien en su momento fuera considerado por Ortega y Gasset como
el argentino más eminente de los que había conocido,
según recordaba Manuel Gálvez, y que para Ezequiel Martínez
Estrada fuese el escritor político argentino más importante
del siglo XX. Deodoro fue el redactor del Manifiesto Liminar de la
Reforma, el documento político más trascendente que
Argentina legara al mundo en el siglo XX. Sin embargo, hoy es casi
un desconocido en su tierra. Decía : “No he actuado
en la vida pública de mi país desde la angostura de
programas y partidos políticos”, escribió en una
nota autobiográfica. “Pero he hecho, al margen de ellos,
y desinteresadamente, una intensa y riesgosa vida pública.
La haré hasta que me muera, porque me interesa hasta la pasión
el destino de la patria y sobre todo el destino del hombre”.
Nació en una familia de la alta sociedad cordobesa, pero
fue “un tránsfuga de su clase”, como lo definiera
Gregorio Bermann. Ejerció la abogacía con pasión
de artista:"Una vida en plenitud admite y ennoblece el goce
espiritual, y enriquece las profesiones que, como la abogacía,
están constantemente escapándose de la espiritualidad
y cayendo en zonas de decorosa comerciabilidad. Basta para eso orientarla
en el sentido de lucha por la justicia y poner en ella valor, pulcritud,
decoro, y mantener siempre vivo el horror por la estupidez, por la
chabacanería, por el trabajo mal hecho, y por la vulgaridad
plebeya y letrada que es pulmón de acero de nuestra profesión.
Entonces la abogacía se aproxima a las bellas artes. Y sólo
aproximándose así a ellas se puede ser un buen abogado.”
En el sótano de su casa de la calle Rivera Indarte recibió
entre tantos otros a Stefan Zweig, el conde Keyserling, José
Ortega y Gasset, Raúl Haya de la Torre, Eugenio d´Ors,
Waldo Frank, José Ingenieros, Alfredo Palacios, Lisandro de
la Torre y Rafael Alberti. Su obra escrita, recopilada tras su muerte
(1942), aún tiene vigencia: Las obras y los días (1945),
El difícil tiempo nuevo (1956), Ciencias, maestros y universidades
(1959) y Prohibido prohibir (1972). Hombre de acción, una noche
“vistió" las estatuas de Córdoba, protestando
por el retiro de un desnudo del Salón Oficial de pintura. Más
tarde indignado por la indiscriminada poda de árboles de su
ciudad, pidió, desde su columna en “Las Comunas”,
la cabeza de los asesinos de árboles: “Pedimos su
cabeza para satisfacer una antigua curiosidad”, decía.
“¡Para ver que tienen dentro!”
Como abogado defendió
a innumerables presos políticos, y como periodista se opuso
al fascismo así como también al avance de Gran Bretaña
y Estados Unidos sobre América latina.
Tras su muerte, un joven asmático
se mudó a Córdoba por recomendación médica.
Allí, en una ciudad donde estaba vivo el recuerdo de Deodoro,
se hizo muy amigo del hijo de éste, Gustavo, lo que le permitió
pasar tardes enteras en su biblioteca personal. Dos décadas
más tarde, Ernesto Guevara también se convertiría
en ejemplo y símbolo de la juventud latinoamericana. |
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su
casa, Rivera Indarte 544 |
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en
su cocina en Ongamira |
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el
sótano de la casa |
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Roca,
Bermann, Korn y otros |
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junto
a sus hijos en Ongamira |
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